Hoy 7 de junio: Bolognesi, Saenz Peña y “los deberes sagrados”

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Don Francisco Bolognesi

“Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho…” Frase de Don Francisco Bolognesi. Frase fundamental. Frase de vida. Frase de gloria. Frase que marca un camino.

Siempre me gustó la frase. Desde que me la enseñaron en primaria la recuerdo, aunque no con tanta frecuencia. Me parece que es una frase que debe retratar nuestro andar por la vida. Frase pronunciada en un momento crucial, decisivo.

Considerando que este año se conmemoran los 200 años del natalicio de Francisco Bolognesi, no voy a ponerme a hacer un resumen de su biografía, sino que haré algunas reflexiones sobre su famosa frase.

¿Qué hubiera pasado si la noche anterior a la batalla de Arica, Bolognesi y su cuerpo de oficiales se rendían? Hubieran pasado todos por cobardes. ¿Se hubiera respetado su decisión? No, de ninguna manera y hubieran quedado señalados por todos como unos cobardes. ¿Se hubiera aceptado su decisión? Tal vez…

Me puse a buscar el discurso que pronunciara el Gral. Roque Saenz Peña en la inauguración del monumento al héroe, en 1905, luego de que un amigo me comentara de su existencia. La idea de este post la tengo desde febrero más o menos, pero solo desde hace unos días me puse a buscar seriamente el discurso. Encontré varios versiones del mismo, hice algún cruce de información y pongo el que me parece la mejor versión. Prometo seguir buscando.

En este discurso Roque Saenz Peña, argentino, expresa su admiración por el coronel Bolognesi, lo ensalza y lo coloca en la gloria.

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Fotografía supuestamente momentos antes de la batalla de Arica. Se presenta a Bologanesi y su cuerpo de oficiales. Roque Saenz Peña es el primero de la izquierda. Aunque lo más probable es que sea una representación teatral montada a fines del siglo XIX y que se inspirara en el cuadro “La Respuesta” de Juan Lepiani.

“También tiene el significado del más puro simbolismo la inauguración en Lima, el 5 de noviembre de 1905, del monumento de Bolognesi, en la plaza que lleva su nombre, obra del escultor catalán Agustín Querol, que es modificada bajo el gobierno de Odría. Para la solemne ceremonia, viene el gran argentino Roque Saenz Peña, con rango de general del ejército peruano. Está vestido con pantalón blanco y botas de granadero. Para el desfile militar, recibe el mando de línea. Delante de la estatua de su antiguo jefe, la emoción le impide leer el discurso que trae escrito, y se limita a decir: ‘Presente, mi coronel.’“(1)

Pero queda para la posteridad el discurso no pronunciado, aunque diversas fuentes dicen que sí lo pronunció. Aquí sus palabras:

“¡MI CORONEL BOLOGNESI!

Uno de tus capitanes vuelve de nuevo a sus cuarteles, desde la lejana tierra atlántica llamado por los clarines que pregonan tus hechos esclarecidos, desde el Pacifico hasta el Plata y desde el Amazonas hasta el seno fecundo del golfo de México, que le presta su acústica sonora para repetir tu nombre sobre otras civilizaciones y otros pueblos que nos han precedido, en la liturgia de la gloria y en el culto de los próceres y de los héroes; yo vengo sobre la ruta de mi consecuencia, siguiendo la estela roja de mi coronel, fulgor de grana que conmovió al pacifico con las tempestades de la guerra, que hoy contempló alumbrada por los resplandores de la paz en el fausto concierto de la gratitud y en la marcha triunfadora del engrandecimiento nacional.

Regreso con distancia de un cuarto de siglo, pero vuelvo sin olvidos y sin retardos, porque llego en la hora justa de tu apoteosis, que tampoco la posterga la lentitud de tu pueblo, ni trataron de omitirla las nuevas generaciones que recibieron bajo el casco guerrero de su progenitores el ósculo final de la partida, brindando las mescladas sonrisas de la orfandad al culto perenne de la patria, a su defensa y a su integridad y si han sido necesarios cinco lustros para modelar tu efigie en la pasta candente de los inmortales, es porque los grandes hechos que consagran los pueblos agradecidos, deben ser definitivos, indiscutidos e infalibles, y este juicio solemne y supremo solo puede pronunciarlo la posteridad, porque la gloria es un fruto de lenta maduración, que no han de fecundarlo los mismos soles que le vieron florecer.

Llegamos pues a honrar los actos que te dieron el renombre en la hora justa y en su momento histórico, cuando ya no gravitan sobre la tierra, sino escasos eslabones de tu generación y pueden contarse sin esfuerzo los soldados inválidos de epopeya, diseminados y dispersos como las tablas de la nave que desunió con furia la tempestad, para recomponerse sobre la playa hospitalaria en la mañana serena y en las horas del día que disipan y calman los huracanes, son en efecto otros hombres los que me es dado mirar al pie de tu monumento, son otras fisonomías las que me estrechan la mano y me confunden en un abrazo popular y efusivo, a titulo de amigo tuyo, como si fuera el portador de tu palabra postrera, depositario de tu voluntad suprema, confidente o mensajero de tus anhelos y designios, pero aquí se encuentran todos tus sobrevivientes, que recibieron el ejemplo de tus virtudes cívicas, tus enseñanzas de honor militar y el deber austero y probo que consumó tu inmolación, ellos atestiguan como yo que en el fragor de la batalla, como en las inquietudes de la defensa y en la hora doliente del sacrificio, el coronel Bolognesi era un alma suspendida sobre el alma de su ejercito, para comunicarle sus alientos, su inspiración y su fe, era brazo y era ideal, patriotismo y deber, desprendimiento y heroísmo, que en las abstracciones de su mente como en la vaguedad de su mirada, dirigida mas sobre el firmamento que sobre la tierra, parecía hablar con la posteridad como con invisible interlocutor, que no escapaba al contacto ni a la visión patriótica de sus soldados cuando monologaba con la gloria o interrogaba el destino de su patria, reproduciendo sobre las altiveces del peñón bravío el dialogo interminable de los vientos y de las olas.

Señores

Lo conocí batallando sobre el cerro de Dolores, contraste que conmovió su espíritu y quebranto su cuerpo debilitado, ya por las fatigas de la marcha y por el duro batallar de aquella tarde sin sol para las armas del Perú, llego a Tarapacá y al desmontarse de su caballo de guerra cayó postrado por altísima fiebre, hasta que el nuevo toque de generala le hizo olvidar la congestión y sus delirios, quebrantando la consigna medica, tal vez la única consigna que no cumplió en su vida de soldado, trepo la altiplanicie y conquisto el laurel marcial que la adversidad le negara en san Francisco.

Fue en Arica donde me honro con su amistad, en esa relación intima de una guarnición bloqueada por las fuerzas de mar y estrechada en aro férreo por un ejercito de tierra, el servicio de guarnición fue pesado como el aislamiento que incomunico esas tropas con el resto, en esa vida cariñosa e intima del hogar militar, brotaron vínculos, crecieron los afectos como crecen las flores cultivadas en suelo generoso, la vida corrió grata en la fraternidad de la carpa y del vivac, el espíritu del jefe penetraba el interior de los cuarteles, doblaba la vigilancia, preparaba las armas y la defensa con serenidad no interrumpida, hasta la mañana del día 6 en que cruzo la débil corriente del Azapa un oficial parlamentario, la frente de Bolognesi se vio cargada de sombras como si todas las tinieblas se hubieran conglomerado ante la siniestra idea de una capitulación, llamo a la junta y cedió la palabra al parlamento y espero con arrogancia, mezclada de zozobra el voto de la defensa que no se hizo esperar, aquel fue mas que unánime, porque fue explosivo y estallo como la protesta de un agravio, para encender la frase histórica que debiera pronunciar el gentil hombre de cabellos nevados, de sable rojo y de espuelas punzadoras, hablo con los pesares disipados, con las zozobras borradas de su mente y el corazón desbordante de paternal orgullo, porque allí estaba para el la gran familia Peruana, reducida en el peñasco silencioso a sus verdaderos hijos de armas.

¡Pelearemos hasta quemar el último cartucho!

Provocación o reto a muerte, soberbia frase de varón, condigno juramento de soldado, que no concibe la vida sin el honor, ni el corazón sin el altruismo, ni la palabra sin el hecho que la confirma y la ilumina, para grabarla en el bronce o en el poema, como la graba y la consagra la inspiración nacional; y el juramento se cumplió por el jefe y por el ultimo de sus soldados, porque el bicolor Peruano no fue arriado por la mano del vencido sino despedazado por el plomo del vencedor, lo que vino después ya lo sabéis; el sacerdote de ese altar granítico, el guerrero y el señor de esas alturas, fundió en plomo su inmortalidad, esfumándose en los cielos y dejando en la sonrisa de su labio yerto la placida expresión de un varón justo, que ha rendido la vida en el sagrario y que abandona la tierra bendiciendo a su patria y a sus soldados.

Ningún corazón Peruano discutirá la conveniencia del esfuerzo heroico, la arrogante actitud de Bolognesi no se mide con el cartabón del éxito, ni con las mercenarias exigencias del calculo, ella se siente y se sueña, se realiza y se confunde con el alma de su progenitor, y es por eso que los lauros marciales de Bolognesi no tuvieron una gestación penosa, ni fueron fruto de una larga maduración, más que una foja de servicios comunes, es un fuerte contacto con el destino, un rayo de inspiración y de luz en la hora triste del crepúsculo, cuando el alma se repliega sobre si misma, cuando la naturaleza se vuelve silenciosa y la plegaria de la patria asoma al labio, con recogimiento y emoción así se consagra Bolognesi ese gesto sublime de tu vida militar.

Por eso las manos de tus soldados, te presentan las armas nacionales vencedoras en Tarapacá y vencidas en Arica, pero no rendidas y por eso la bandera bicolor sostenida por la mano de otras generaciones y otros hombres, flota al soplo y al aliento de la gratitud Peruana, saludando tu proeza y tus virtudes, las ultimas valen las primeras, porque la corona cívica discernida al ciudadano ni obscurece las palmas del soldado ni tampoco desmerece a su contacto, si la evolución de las ideas suprimiera el poder militar de las naciones, si la humanidad extirpara en un gran día los excesos de la guerra, si la voz de la razón constituyera con el alma democrática el patrimonio o el lema de nuestros pueblos, haciendo del arbitraje la noble magistratura de la familia latino americana, si la obra de los tiempos llegara a convencernos que las naciones llamadas a prevalecer no son las que cuentan más soldados, sino las que revistan mas obreros y mejores ciudadanos, ese gran desiderátum de los hombres de bien no conmovería tu estatua sobre su asiento de granito, porque la justicia, el estoicismo y el severo patriciado habrían sobrevivido a los perfiles marciales de tu efigie, y a cambio de soldado heroico te llamaríamos el primer ciudadano de tu tiempo si no fuera que la memoria de Grau vive.

Coronel Bolognesi

Tus sobrevivientes te saludan sobre el pentélico sagrado, porque la selección siniestra de la muerte decapita la flor y no la yerba, que ha de perecer también en el desgaste común de las vegetaciones imperfectas, pero todos rodeamos tu monumento y si he surcado dos piélagos para traerte la ofrenda de mi corazón, es porque tu noble patria tenia el derecho de exigir que no faltara a esta cita ninguno de tus soldados, y todos los que vivimos hemos dejado caer de nuestras manos los instrumentos de trabajo y desandando camino sobre la prosa de la vida, venimos a refrescar en el recuerdo que es la fuente de la juventud lejana, las horas gratas de tu dulce amistad y a sentir las emociones y regocijo de tu pueblo en esta fiesta nacional, porque los muertos ilustres no se lloran, se saludan, se aclaman y se veneran.

Mi coronel:

Recuerda vuestra benevolencia y recibid los homenajes de esta palabra amiga, de esta voz que no os fue desconocida, ultima sombra ensangrentada que miro tu pupila moribunda, ultima mano que estrecho la tuya en el altar trocado en vasto osario, que hoy te hace la venia saludando tu inmortalidad, te presenta estas armas que la juventud Argentina me ha entregado al partir, juventud que ama lo grande, como admira lo heroico, porque tuvo su cuna en los grandes ejércitos patriotas que trasmontaron los Andes y llegaron hasta el Ecuador en gloriosa cruzada libertadora, esa juventud no ha olvidado nuestra génesis, ni desestima su estirpe, busca la solidaridad, tiende los brazos a través de las cordilleras y los mares, para acercarse a ese pueblo generoso, que don José de San Martin declaro libre por la voluntad de los hombres y de la justicia de su causa defendida por Dios, se que en la hora solemne de vuestros recuerdos nacionales, nobilísimo pueblo del Perú, también laten vuestros corazones y también se agitan vuestras manos para saludar desde Lima a las nuevas generaciones de los hijos del Plata, pero estas armas que me honro en presentarte son también las de tu ejercito y de tu pueblo, porque las puso en mis manos el Congreso de tu nación con el grato asentimiento del congreso Argentino, donde se han vuelto a escuchar sentimientos y votos calurosos por la felicidad y grandeza del Perú.

Mi gran amigo, es tan intensa mi emoción como mi gratitud, asistiendo a tu apoteosis al frente de tu ejército, que el excelentísimo gobierno ha confiado a mi comando como un homenaje a ti, por la amistad con que me honraste pero que es también insigne honor y altísima distinción.

Señor presidente de la Republica Peruana

La expresión de mis afectos y de mis sentimientos en este día no quedaría completa, si no agregara los que debo y tributo a vuestro gobierno y a vuestra persona, al honorable congreso de la nación, a vuestro ejército y al nobilísimo pueblo del Perú.

He dicho.

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Lima, 1905: Recibimiento a Roque Saenz Peña

En 1910, Saenz Peña asume la presidencia de su país.

¿Y qué de extraordinario tiene que el General Roque Saenz Peña viniera a pelear por el Perú? En primer lugar, al venir a pelear por el Ejército peruano Saenz Peña fue despojado de su nacionalidad por luchar en las filas de un ejército extranjero, él justificó su acción en el derecho y la justicia asistían al Perú en la guerra del Pacífico. Roque Saenz Peña cayó herido en la batalla de Arica, luego estuvo preso en Chile y se negó a firmar un escrito en el que a cambio de su libertad debía renunciar a luchar alguna vez contra el ejército chileno. Luego de gestiones diplomáticas se logra su libertad y su regreso a la patria argentina. Allá el Congreso de su país le devuelve la nacionalidad.

Debo reseñar las palabras que pronunciara el General Saenz Peña cuando en 1901 agradeció la Medalla de Oro que el Congreso del Perú le otorgara como sobreviviente de la Batalla de Arica y que lo pintan de cuerpo entero, dijo: “Ofrecí al Perú lo único que tenía, mi caballo, mi espada y mi vida. El caballo me lo mataron en la refriega; la espada se desprendió de mi brazo con la herida final; y mi vida… Mi vida, no la quiso el Perú, me la devolvió en Arica, o por orgullo nacional, porque quería que solo sangre peruana regara el morro, o porque pensó, que era necesario que quedara en pie, un testigo imparcial del heroísmo de sus hijos.”

Parece ser que este es el discurso completo. Pero aún falta cruzar alguna información para confirmarlo. Lo encontré aquí http://www.loscuentos.net/cuentos/link/533/533133/ y lo crucé con el “Discurso de orden en homenaje al señor general don Roque Sáenz Leña Lahitte, al cumplirse 100 años de su fallecimiento” de Luís Palomino Rodríguez de agosto de 2014, que contiene algunos fragmentos del mismo.

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(1) Historia de la República 1921 – 1982 de Enrique Chirinos Soto. Segunda Edición – Editorial Minerva

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Elogio a Clarence Clemons

El sábado 18 de junio, los fans de Bruce Springsteen & la E Street Band recibimos la tremenda noticia que Clarence Clemons, The Big Man, The Master of the Universe, The King of the World (en palabras de Bruce y de los fans), había fallecido luego de varios días de luchar por quedarse con nosotros, después de haber sufrido un derrame cerebral severo y de haber sido sometido a un par operaciones cerebrales.

Posteo la traducción al español del conmovedor elogio que pronunció Bruce Springsteen en su funeral el 22 de junio y que fue publicado en su sitio oficial. Al final de todo el poder de Clarence en un video en Hyde Park del 2009, la canción es Jungleland.

Esta es una versión ligeramente revisada del elogio que pronuncié para Clarence en su memorial. Quisiera agradecer a todos nuestros fans y amigos que nos han confortado a lo largo de las difíciles semanas pasadas.

Para el Big Man

He estado sentado aquí escuchando a todos hablar acerca de Clarence y mirando a esa foto de nosotros que está allá. Es una foto de Scooter y del Big Man, en quienes nos encarnabamos a veces. Como pueden ver en esta foto en particular, Clarence está admirando sus músculos y yo pretendo permanecer inmutable mientras me apoyo en él. Me apoyé mucho en Clarence, de alguna manera hice una carrera de ello.

Clarence Clemons y Bruce Springsteen en 1974

Aquellos que como nosotros compartimos la vida de Clarence, compartimos con él su amor y su confusión. Aunque “C” se suavizó con la edad, siempre era un tipo salvaje e impredecible. Hoy veo a sus hijos Nicky, Chuck, Christopher y Jarod sentados aquí y veo en ellos el reflejo de muchas cualidades de C. Veo su luz, su galanura, y su bondad. Pero, como Uds. chicos saben, su papá no era un día en la playa. “C” vivió una vida en la que hizo lo que quería hacer y dejaba los pedazos, humanos y de los otros, caer donde ellos pudieran. Como muchos de nosotros su papá era capaz de gran magia y también de hacer un gran y asombroso desorden. Esta era sólo la naturaleza de su papá y mi bello amigo. El amor incondicional de Clarence, el cual era muy auténtico, venía con muchas condiciones. Su papá era un proyecto de gran magnitud y siempre era un trabajo en curso. “C” nunca se aproximó a algo de manera lineal, la vida nunca procedió en una linea recta. El nunca fue A, B, C, D. ¡Siempre fue A, J, C, Z, Q, I! Esa fue la manera en la que Clarence vivió e hizo su camino a través del mundo. Se que podía llevarte a mucha confusión y dolor, pero su padre también cargó mucho amor con él y yo sé que los amó a cada uno de Uds. muy, muy entrañablemente.

Le tomaba a todo un pueblo cuidar de Clarence Clemons. Tina, me alegra que estés aquí. Gracias por cuidar de mi amigo, por amarlo. Victoria, has sido una amante, amable y cuidadosa esposa para Clarence e hiciste una gran diferencia en su vida en un momento cuando las cosas no era siempre fáciles. Para toda la vasta red de apoyo de “C”, nombres demasiado numerosos para mencionar, Uds. saben quienes son y se los agradecemos. Su recompensa los aguarda en las puertas del cielo. Mi camarada era un tipo duro, pero llevó cosas a sus vidas que fueron únicas y cuando el encendía esa luz de amor, iluminaba el mundo de Uds. Fui lo suficientemente suertudo para permanecer en esa luz por casi 40 años, cerca del corazón de Clarence, en el Templo del Soul.

Un poquito de historia de los primeros días cuando Clarence y yo viajábamos juntos, llegábamos a los alojamientos de noche y en minutos “C” transformaba su habitación en un universo propio. Salían las bufandas para ser puestas sobre las lámparas, las velas aromatizantes, el incienso, el aceite de pachuli, las hierbas, la música, el día desaparecería, el entretenimiento vendría y se iría, y Clarence, el Chamán, reinaría y trabajaría su magia, noche tras noche. La habilidad de Clarence de disfrutar a Clarence era increíble. A los 69, el tuvo una buena carrera, porque había vivido 10 vidas, 690 años en la vida de un hombre promedio. Cada noche, en cada sitio, la magia venía volando desde dentro de la maleta de C. Tan pronto como el éxito lo permitió, su vestidor tendría las mismas trampas que su habitación de hotel despues de una visita, era como un viaje a una nación soberana que encuentra de improviso grandes reservas de petróleo. “C” siempre supo cómo vivir. Mucho tiempo antes de que Prince dejara los pañales, un aire de crudo misticismo reinaba en el mundo del Big Man. Yo deambulaba desde mi vestidor, el cual contenía varios finos sofás y algunos armarios deportivos, y me preguntaba ¡que era lo que estaba haciendo mal! En algún lugar en la ruta todo esto fue bautizado como el Templo de Soul, y “C” presidía por encima de sus secretos y sus placeres. El que se te permitiera la admisión al Templo del Soul era una cosa adorable.

Mi hijo Sam desde muy pequeño quedó cautivado con el Big Man… Nada sorprendente. Para un niño, Clarence era la figura imponente de un cuento de hadas, salida de algún libro de cuentos muy exótico. Era un gigante con peinado rastafari, con grandes manos y una muy profunda melosa voz endulzada con bondad y consideración. Y… para Sammy, que sólo era un pequeño niño blanco, era profunda y misteriosamente negro. En los ojos de Sammy, “C” debe hacer aparecido como todo el continente africano, coloreado con la calma americana, enrollado en una acogedora y adorable figura. Así… Sammy decidió dejar del lado mis camisas de trabajo y quedó fascinado por los trajes y las batas reales de Clarence. Declinaba un sitio en la van del papá y se decidió por la gran limosina de “C”, sentándose a su lado en el lento viaje hacia los shows. Decidió que la comida frente la locker familiar no estaba bien, y caminaba lentamente por el corredor y desaperecía dentro del Templo del Soul.

Por supuesto que también estaba encantado el papá de Sam, desde la primera vez que vi a mi camarada salir desde dentro de las sombras de un bar medio vacío en Asbury Park, un camino se abrió delante de él; aquí viene mi hermano, aquí viene mi hombre del saxo, mi inspiración, mi socio, mi amigo de toda la vida. Estar al lado de Clarence era como estar cerca del peor de los peores traseros del planeta. Estabas orgulloso, estabas fuerte, estabas excitado y sonriente con lo que podría ocurrir, con los que juntos podían ser capaces de hacer. Sentías que sin importar lo que el día o la noche trajeran, nada podría tocarte. Clarence podía ser frágil pero también emanaba poder y seguridad y, de alguna manera graciosa, nos convertimos en protectores uno del otro. Pienso que tal vez protegí a “C” del mundo donde aún no era fácil ser grande y negro. El racismo estuvo siempre presente y a lo largo de los años juntos lo vimos. La celebridad y el tamaño de Clarence no lo hacían inmune. Pienso que tal vez “C” me protegió de un mundo donde no era siempre muy fácil ser un chico blanco inseguro, loco y flacucho. Pero, juntos eramos tremendos, en una noche cualquiera, en nuestra chamba, uno de los más tremendos del planeta. Éramos unidos, éramos fuertes, éramos honestos, éramos imperturbables, éramos graciosos, éramos sentimentales al máximo y tan serios como la misma muerte. Y llegábamos a tu ciudad para remecerte y despertarte. Juntos, contábamos una historia mayor y más rica sobre las posibilidades de la amistad que trascendía aquellas que yo había escrito en mis canciones y en mi música. Clarence la llevaba en su corazón. Era una historia donde Scooter y el Big Man no solo partían la ciudad en dos, sino que eramos maravillosos y refundabamos la ciudad, definiéndola como un lugar amable donde nuestra amistad no sería tan una anómala. Y eso… eso es lo que voy a extrañar. La oportunidad de renovar ese juramento y replicar ese historia todas las noches porque eso era algo que hacíamos juntos… los dos. Clarence era grande, y me hizo sentir, y pensar, y amar, y soñar en grande. ¿Cuán grande era el Big Man? Extramadamente grande para morir. Y esos son sólo los hechos. Pueden ponerlo en su lápida, pueden tatuarlo en su corazón. Acéptenlo… Es el Nuevo Mundo.

Clarence no se va de la E Street Band cuando muere. Se irá cuando nosotros muramos.

Extrañaré a mi amigo, su saxo, la fuerza de la naturaleza que era su sonido, su gloria, su insensatez, sus logros, su cara, su humor, su piel, su sonido, su confusión, su poder, su paz. Pero su amor y su historia, la historia que me dio, la que me susurró al oído, la que me permitió decir… y la que les dió a USTEDES… va a continuar. No soy un místico, pero lo subyacente, el misterio y el poder de Clarence y mi amistad me lleva a creer que debimos estar juntos en otros, viejos tiempos, a lo largo de otros ríos, en otras ciudades, en otros campos, haciendo nuestra modesta versión del trabajo de Dios… Trabajo que aún está incompleto. No le diré adios a mi hermano, simplemente diré, te veré en la vida siguiente, más adelante en la ruta, donde nuevamente tomaremos aquel trabajo que hemos hecho y lo terminaremos.

Big Man, gracias por tu amabilidad, tu fuerza, tu dedicación, tu trabajo, tu historia. Gracias por el milagro… y por permitir a un pequeño chico blanco colarse por la puerta lateral en el Templo del Soul.

ASÍ DAMAS Y CABALLEROS… SIEMPRE AL FINAL, PERO NUNCA EL MENOS IMPORTANTE. ESCUCHEMOS ALGO PARA EL MAESTRO DEL DESASTRE, EL GRAN KAHUNA, EL HOMBRE CON UN PHD EN LA CURA SEXUAL, EL DUKE DE PADUCAH, EL REY DEL MUNDO, CUIDADO OBAMA! EL SIGUIENTE PRESIDENTE NEGRO DE LOS ESTADOS UNIDOS AÚN CUANDO ESTÁ MUERTO… ¡DESEARÍAS SER COMO ÉL, PERO NO PUEDES! !DAMAS Y CABALLEROS, EL HOMBRE MÁS GRANDE QUE ALGUNA VEZ VIERON! DENME UNA C-L-A-R-E-N-C-E, ¿QUÉ DICE? ¡CLARENCE! ¿QUÉ DICE? ¡CLARENCE! ¿QUÉ DICE? ¡CLARENCE!… Amén.

Les dejo hoy una cita del mismo Big Man, que compartimos en el avión rumbo a casa desde Búfalo, el último show de la última gira. Mientras celebrábamos en la cabina delantera felicitándonos unos a otros y contando historias de los muchos shows épicos, noches de rock y los buenos tiempos que compartimos, “C” se sentó en silencio, asimilándolo todo, luego alzó su vaso, sonrió y nos dijo a todos juntos, “Esto podría ser el comienzo de algo grande.”

Te amamos, “C”.

Bruce SpringsteenJungleland

The rangers had a homecoming in Harlem late last night
And the Magic Rat drove his sleek machine over the Jersey state line
Barefoot girl sitting on the hood of a Dodge
Drinking warm beer in the soft summer rain
The Rat pulls into town rolls up his pants
Together they take a stab at romance and disappear down Flamingo Lane

Well the Maximum Lawman run down Flamingo chasing the Rat and the barefoot girl
And the kids round here look just like shadows always quiet, holding hands
From the churches to the jails tonight all is silence in the world
As we take our stand down in Jungleland

The midnight gang’s assembled and picked a rendezvous for the night
They’ll meet ‘neath that giant Exxon sign that brings this fair city light
Man there’s an opera out on the Turnpike
There’s a ballet being fought out in the alley
Until the local cops, Cherry Tops, rips this holy night
The street’s alive as secret debts are paid
Contacts made, they vanished unseen
Kids flash guitars just like switch-blades hustling for the record machine
The hungry and the hunted explode into rock’n’roll bands
That face off against each other out in the street down in Jungleland

In the parking lot the visionaries dress in the latest rage
Inside the backstreet girls are dancing to the records that the D.J. plays
Lonely-hearted lovers struggle in dark corners
Desperate as the night moves on, just a look and a whisper, and they’re gone

Beneath the city two hearts beat
Soul engines running through a night so tender in a bedroom locked
In whispers of soft refusal and then surrender in the tunnels uptown
The Rat’s own dream guns him down as shots echo down them hallways in the night
No one watches when the ambulance pulls away
Or as the girl shuts out the bedroom light

Outside the street’s on fire in a real death waltz
Between flesh and what’s fantasy and the poets down here
Don’t write nothing at all, they just stand back and let it all be
And in the quick of the night they reach for their moment
And try to make an honest stand but they wind up wounded, not even dead
Tonight in Jungleland

The Wrestler – Los Sueños llevados al extremo

El miércoles pasado fui, después de mucho tiempo, al cine. Fue mi propósito reiniciar mi romance con la pantalla grande viendo la película de Darren Aronofsky, “The Wrestler” (“El Luchador”, en español).

Debo confesar que lo primero que captó mi atención de esta película fue la excelente canción de Bruce Springsteen y la descripción del personaje que encarna Mickey Rourke, Randy “The Ram” Robinson, el “one trick pony”…

Esperé ver esta película por Bruce, demás está decir que soy su fan, y también por Mickey Rourke, quien nos entregara una inquietante actuación en “9 semana y media”, que había estado desaparecido por mucho tiempo hasta “Sin City”, y luego vuelto a esfumarse de las carteleras.

Desde hace ya un buen tiempo que no veo películas ganardoras de Oscares, al menos no después de haber ganado la “codiciada” estatuilla. Dicho esto, admito que me alegré de que ni Mickey ni Bruce hubieran ganado el Oscar, el primero compitió por él y el segundo fue obviado por la susodicha academia, es que creo que sus contribuciones a la película requieren de esa dosis de malditez que un Oscar les quitaría y que es imprescindible para un film como este.

La historia no tiene pausas y es un seguimiento despiadado de Randy “The Ram”. Desde el principio nos metemos en su circunstancia, en su tragedia personal, en sus excesos y en ese mundo de luchadores que, como en un circo, van de pueblo en pueblo presentándose ante 100 o 200 personas, en el mejor de los casos, pero con el sueño incólume, metido en sus venas, de un gran evento con 20,000 espectadores, como si eso fuera el fin supremo de sus vidas. Ello sin que el mismo Randy o los demás luchadores se planteen la cuestión más cruel, aquella que los devolverá de manera inmisericorde a la realidad: “Y luego… ¿qué?”

En los primeros minutos nos damos cuenta de la vida totalmente desordenada y profundamente mediocre de Randy, pero todo cambia para él cuando después de una pelea, y de unos cuantos dólares, le da un ataque cardiaco que le cambia la forma de ver la vida. Intenta una relación con la hija que nunca vió, Stephanie (personificada excelentemente por Evan Rachel Wood), y otra con la bailarina de bar nudista de la que era cliente, Cassidy (una formidable Marisa Tomei). En la primera fracasa luego de un comienzo prometedor. En la segunda relación no le va mal y es que luego de una discusión decide mandar todo al diablo y continuar con la vida que llevaba. Además, renuncia al trabajo con el que comía y pagaba la renta, es que Randy sentía que estaba para cosas más importantes que estar trabajando en un supermercado.

Randy no se permite fallar en esos momentos, no se permite esperar, no se permite reintentar o perseverar en lo que puede salvarlo. Entonces él decide hacer lo que siempre hizo porque es lo único que sabe hacer, ser la máxima “estrella” de la lucha y revivir una pelea de hace 20 años. Pero aún antes de reafirmarse en su decisión tiene una última oportunidad de cambiarlo todo, tiene la salida en Cassidy: ¡Vamos Randy, ella es la puerta hacia algo mejor, ella esta aquí, no la dejes ir, vamos…! Pero la decisión estaba tomada o simplemente no puede ver lo que tiene frente a él entonces se mantiene en la opción tomada…

Al finalizar la película me quedé perplejo, no esperando más sino tratando de asimilar la decisión de Randy “The Ram”… Y en eso la canción y el “one trick pony” y el “one legged dog” y el “scarecrow” y… Entonces vinieron las preguntas, esas que al final es inevitable hacerse: ¿Seremos, digo, seré como Randy? ¿Es que no podemos dejar nuestros sueños y luchas y cambiarlos por otros? ¿Es que acaso es nuestro, digo mi destino acabar como él siguiendo sueños inalcanzables?

Definitivamente “The Wrestler” ya es un “film de culto”, a pesar de una academia pusilánime que rara, pero muy rara vez, premia lo que en verdad vale la pena.

Para ir a mi otro post sobre La Lucha, tema de la película y de la canción hacer click aquí.

Bruce SpringsteenThe Wrestler
Album’s version

Two, three, four

Have you ever seen a one trick pony in the field so happy and free?
If you’ve ever seen a one trick pony then you’ve seen me
Have you ever seen a one-legged dog making his way down the street?
If you’ve ever seen a one-legged dog then you’ve seen me

Then you’ve seen me, I come and stand at every door
Then you’ve seen me, I always leave with less than I had before
Then you’ve seen me, bet I can make you smile when the blood, it hits the floor
Tell me, friend, can you ask for anything more?
Tell me can you ask for anything more?

Have you ever seen a scarecrow filled with nothing but dust and wheat?
If you’ve ever seen that scarecrow then you’ve seen me
Have you ever seen a one-armed man punching at nothing but the breeze?
If you’ve ever seen a one-armed man then you’ve seen me

Then you’ve seen me, I come and stand at every door
Then you’ve seen me, I always leave with less than I had before
Then you’ve seen me, bet I can make you smile when the blood, it hits the floor
Tell me, friend, can you ask for anything more?
Tell me can you ask for anything more?

These things that have comforted me, I drive away
This place that is my home I cannot stay
My only faith’s in the broken bones and bruises I display

Have you ever seen a one-legged man trying to dance his way free?
If you’ve ever seen a one-legged man then you’ve seen me

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