The Wrestler – Los Sueños llevados al extremo

El miércoles pasado fui, después de mucho tiempo, al cine. Fue mi propósito reiniciar mi romance con la pantalla grande viendo la película de Darren Aronofsky, “The Wrestler” (“El Luchador”, en español).

Debo confesar que lo primero que captó mi atención de esta película fue la excelente canción de Bruce Springsteen y la descripción del personaje que encarna Mickey Rourke, Randy “The Ram” Robinson, el “one trick pony”…

Esperé ver esta película por Bruce, demás está decir que soy su fan, y también por Mickey Rourke, quien nos entregara una inquietante actuación en “9 semana y media”, que había estado desaparecido por mucho tiempo hasta “Sin City”, y luego vuelto a esfumarse de las carteleras.

Desde hace ya un buen tiempo que no veo películas ganardoras de Oscares, al menos no después de haber ganado la “codiciada” estatuilla. Dicho esto, admito que me alegré de que ni Mickey ni Bruce hubieran ganado el Oscar, el primero compitió por él y el segundo fue obviado por la susodicha academia, es que creo que sus contribuciones a la película requieren de esa dosis de malditez que un Oscar les quitaría y que es imprescindible para un film como este.

La historia no tiene pausas y es un seguimiento despiadado de Randy “The Ram”. Desde el principio nos metemos en su circunstancia, en su tragedia personal, en sus excesos y en ese mundo de luchadores que, como en un circo, van de pueblo en pueblo presentándose ante 100 o 200 personas, en el mejor de los casos, pero con el sueño incólume, metido en sus venas, de un gran evento con 20,000 espectadores, como si eso fuera el fin supremo de sus vidas. Ello sin que el mismo Randy o los demás luchadores se planteen la cuestión más cruel, aquella que los devolverá de manera inmisericorde a la realidad: “Y luego… ¿qué?”

En los primeros minutos nos damos cuenta de la vida totalmente desordenada y profundamente mediocre de Randy, pero todo cambia para él cuando después de una pelea, y de unos cuantos dólares, le da un ataque cardiaco que le cambia la forma de ver la vida. Intenta una relación con la hija que nunca vió, Stephanie (personificada excelentemente por Evan Rachel Wood), y otra con la bailarina de bar nudista de la que era cliente, Cassidy (una formidable Marisa Tomei). En la primera fracasa luego de un comienzo prometedor. En la segunda relación no le va mal y es que luego de una discusión decide mandar todo al diablo y continuar con la vida que llevaba. Además, renuncia al trabajo con el que comía y pagaba la renta, es que Randy sentía que estaba para cosas más importantes que estar trabajando en un supermercado.

Randy no se permite fallar en esos momentos, no se permite esperar, no se permite reintentar o perseverar en lo que puede salvarlo. Entonces él decide hacer lo que siempre hizo porque es lo único que sabe hacer, ser la máxima “estrella” de la lucha y revivir una pelea de hace 20 años. Pero aún antes de reafirmarse en su decisión tiene una última oportunidad de cambiarlo todo, tiene la salida en Cassidy: ¡Vamos Randy, ella es la puerta hacia algo mejor, ella esta aquí, no la dejes ir, vamos…! Pero la decisión estaba tomada o simplemente no puede ver lo que tiene frente a él entonces se mantiene en la opción tomada…

Al finalizar la película me quedé perplejo, no esperando más sino tratando de asimilar la decisión de Randy “The Ram”… Y en eso la canción y el “one trick pony” y el “one legged dog” y el “scarecrow” y… Entonces vinieron las preguntas, esas que al final es inevitable hacerse: ¿Seremos, digo, seré como Randy? ¿Es que no podemos dejar nuestros sueños y luchas y cambiarlos por otros? ¿Es que acaso es nuestro, digo mi destino acabar como él siguiendo sueños inalcanzables?

Definitivamente “The Wrestler” ya es un “film de culto”, a pesar de una academia pusilánime que rara, pero muy rara vez, premia lo que en verdad vale la pena.

Para ir a mi otro post sobre La Lucha, tema de la película y de la canción hacer click aquí.

Bruce SpringsteenThe Wrestler
Album’s version

Two, three, four

Have you ever seen a one trick pony in the field so happy and free?
If you’ve ever seen a one trick pony then you’ve seen me
Have you ever seen a one-legged dog making his way down the street?
If you’ve ever seen a one-legged dog then you’ve seen me

Then you’ve seen me, I come and stand at every door
Then you’ve seen me, I always leave with less than I had before
Then you’ve seen me, bet I can make you smile when the blood, it hits the floor
Tell me, friend, can you ask for anything more?
Tell me can you ask for anything more?

Have you ever seen a scarecrow filled with nothing but dust and wheat?
If you’ve ever seen that scarecrow then you’ve seen me
Have you ever seen a one-armed man punching at nothing but the breeze?
If you’ve ever seen a one-armed man then you’ve seen me

Then you’ve seen me, I come and stand at every door
Then you’ve seen me, I always leave with less than I had before
Then you’ve seen me, bet I can make you smile when the blood, it hits the floor
Tell me, friend, can you ask for anything more?
Tell me can you ask for anything more?

These things that have comforted me, I drive away
This place that is my home I cannot stay
My only faith’s in the broken bones and bruises I display

Have you ever seen a one-legged man trying to dance his way free?
If you’ve ever seen a one-legged man then you’ve seen me

Para ver la traducción de la letra, clic aquí.
Para saber más sobre la canción (en inglés), clic aquí.

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El Final Perfecto – Cinema Paraíso

Desde chico fui casi adicto al cine. Recuerdo que a los 15 años ya conocía buena parte de los cineclubes de Lima, el Cine Arte Kunan, el Cineclub del Ministerio de Trabajo, el del Teatro Raimondi, el de la Cooperativa Santa Elisa, el del Colegio Champagnat y algún otro del que no me acuerdo.

En ellos pude ver muchas películas, italianas, francesas, alemanas, estadounidenses, españolas, mexicanas, entre otras. Muchas películas, muchos títulos, muchos finales, muchas canciones, muchos actores, muchos argumentos, muchas historias que me fueron marcando y dejando su pequeña huella, haciendo que todos mis fines de semana se iluminaran con la visión de algún film, unos mejores que otros, y me hicieran conocer la manera de pensar de otras gentes.

Cinéfilo, siempre fui. Por ello cuando un amigo, alumno de Armando Robles Godoy en su taller de cine, me recomendó que viera Cinema Paraíso (“Il Nuovo Cinema Paradiso”) y me dijo que tenía el final más bonito que había visto en su vida, no dudé y me fui al Cine Ambassador a verla un día cualquiera en la función de noche.

Nunca en todos mis años de cinéfilo una película logró conmoverme tanto, nunca un final fue tan perfecto.


Esa secuencia de los besos recortados es de lo más poético y simbólico que alguna vez se filmó.

Creo que al final de la película el personaje se da cuenta, con este testamento que es el rollo de película de los besos, que aunque no veamos por muchos años a los que nos quieren bien, ellos piensan en nosotros y que siempre estamos en sus pensamientos y que buscan la manera de acercarse y de demostrarnos lo importantes que somos para ellos.

Creo también que por más que intentemos ocultar nuestros sentimientos, por más que nos convirtamos en hombres y mujeres de piedra, nuestras vidas siempre están en manos de esos amores que nunca olvidamos y que nunca nos olvidan. Que sólo basta una palabra o cualquier pequeño detalle para que esos sentimientos que creíamos que no existían más, se queden con nosotros y esta vez para siempre.