“Dios te ama”

Este es un relato que escribí los primeros días del 2003 sobre algo que en verdad me ocurrió y que, aún ahora, me deja pensando. Está escrito en tercera persona, no lo cambié para evitar alterar la intención original.

“Dios te ama, él siempre está contigo cuidándote y protegiéndote de los peligros.” Esta es una verdad que se nos enseña de niños. Un enunciado que está metido en cada poro de nuestro ser gracias a nuestras madres. Nunca cuestionamos su veracidad hasta que llegamos a situaciones límite, a momentos en los que ponemos en duda nuestras propias existencias y creencias. Pero es en esos momentos justamente en que aquello de: “Cristo está conmigo. Ya no temo Señor la tristeza, ya no temo Señor la soledad. Ya no temo Señor a la noche, a la oscuridad” toma posesión de nuestros pensamientos. Aquella canción viene tan rápida y confusa… tan sin música… tan sin sentido… pero quiérase o no, es un consuelo saber que Él está allí con nosotros, saber o creerlo, y si nos cuesta creerlo esas líneas nos dan fuerza para hacerlo auque nos provoque gritar: Señor sigo temiendo a la soledad, a la tristeza, a la noche, a la oscuridad… a mi mismo.

El lunes 16 de diciembre del año pasado por la mañana, Gustavo fue a visitar una tienda de computadoras a ver unas ofertas publicitadas en el diario El Comercio del día anterior. Las computadoras parecían buenas y la oferta era bastante atractiva. Luego de haber averiguado los términos de pago y demás especificaciones de las máquinas, cruzó la Av. Arenales, tomó el Jr. Pablo Bermúdez rumbo a la Av. Salaverry para, frente al Ministerio de Trabajo, tomar un bus que no dejase en el Centro Comercial Plaza San Miguel. Gustavo cruzó hacia la otra acera de Pablo Bermúdez justo frente al Policlínico de ESSALUD (antiguo IPSS) mientras cruzaba algo el llamó la atención en la tienda del piso inferior del edificio colindante al policlínico. Gustavo se detuvo y volteó mirando a la nada. Unos dos segundos después justo por donde iba a pasar cayó del siguiente edificio la mitad de un ladrillo macizo con restos de concreto adheridos a él. Gustavo vio la piedra y siguió caminando.

Fue al día siguiente que recordó el incidente y se lo comentó a su mamá:

– Dios de quiere mucho – dijo ella.
– ¿Tú crees? – respondió él.

Al contárselo a una señora del coro ella dijo:

– Es la mano de Dios, sin duda.

El padre le comentaría unos días después:

– Definitivamente es la mano de Dios.
– ¿Será, Padre? – atinó a contestar Gustavo.

Pero si tan cerca está el Señor por qué las cosas nunca me salen bien – pensó Gustavo.

¿Habría sido mejor que el ladrillo lo matara? ¿No sería menos sufrimiento, menos esfuerzos en vano? ¿Es que acaso esa mano de Dios es la misma que se alegra en la desgracia? Si Él está a nuestro lado, ¿qué hace falta para que las cosas resulten? Luego de pensarlo Gustavo llegó a la conclusión de que hacen falta entrega y compromiso. Poner en la mano del Señor nuestro destino pero también luchar y demostrarle que aquello que queremos no va contra su voluntad.

Finalmente, aunque sea reiterativo, Dios quiere nuestro esfuerzo y nuestra lucha, aunque a veces nos cuesta creerlo con tantos reveses que sufrimos, ¿no crees?

2 thoughts on ““Dios te ama”

  1. Lore octubre 6, 2008 / 7:51 am

    Sí que lo creo, y luego de leer este post -demasiado impactante-, lo reitero… Dios quiere lo mejor para nosotros

  2. osvin octubre 8, 2008 / 2:07 am

    asi es amigo … nunca estas solo ..

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